Conn y Aria crecieron juntos, unidos por una cercanía que iba más allá de la amistad. Nadie sabía nombrarlo, ni ellos tampoco, pero desde niños se buscaban como si el mundo solo tuviera sentido cuando estaban lado a lado. Hasta que la guerra los arrancó de esa luz. Seis años separados, seis años intentando llenar un vacío que nunca cedió.
Cuando vuelven a encontrarse, no es en un abrazo esperado, sino en el borde del Camino de la Muerte, un lugar donde hasta los sentimientos parecen temblar. Allí descubren que el tiempo no rompió lo que sentían; solo lo volvió más silencioso, más profundo, más difícil de admitir mientras las sombras acechan.
Dos dragones con figura de patos los acompañan, observando como si entendieran lo que Conn y Aria no se atreven a decirse. Entre criaturas surgidas de leyendas y los fomorianos que se deslizan en la oscuridad, ambos avanzan cargando con emociones que arden más que el miedo.
Cada peligro los acerca. Cada paso revela lo que siempre estuvo allí. Pero cuando la salida finalmente aparece, no llega sin costo.
Ellos logran cruzar. Los dragones no.
Y lo que Conn y Aria sintieron en ese último instante… solo se revela entre las páginas del libro.
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