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En antropología del parentesco se ha operado una distinción entre kinship y descent, entre parentesco y descendencia. La noción de descendencia remite básicamente a las lógicas jurídicas, a menudo concretadas en torno a grupos de descendencia unilineal, que sitúan a las personas dentro de estas unidades de pertenencia y que, a pesar de ser concebidas a través del lenguaje de la genealogía, incluyen de hecho habitualmente entre sus miembros a personas con otros pedigríes. La descendencia ha servido para describir el armazón institucional de sociedades, a menudo sin Estado, que expresan su organización política, económica y religiosa a través del juego de inclusión y exclusión ligado a los orígenes. Por su parte, la noción de parentesco, considerada en oposición a descendencia, remite a las representaciones que, dentro del modo de ver nativo, explican por qué se es más próximo a ciertas personas que a otras. Otra distinción importante, útil sobre todo en el análisis de los nuevos contextos del parentesco biotecnológico y globalizado (adopciones internacionales, dones de gametos, dones de embriones, mujeres portadoras), es la que distingue filiación de parentesco. La filiación remite a la relación filial, entre padres e hijos, y, como la descendencia, comporta un componente jurídico esencial. Establecer quién es el padre o la madre legítima de alguien se liga a menudo con el ejercicio de la parentalidad, con los cuidados aportados por un adulto a un niño. A la hora de comprender cómo funciona en efecto el parentesco en los distintos contextos analizados por los antropólogos, se constata que hay elementos que no pueden estar ausentes, mientras que otros ocupan lugares derivados. El parentesco se halla indefectiblemente ligado a los símbolos corporales que definen quién participa más de quién, y que se traducen en prohibiciones sexuales, verdadero mínimo común denominador de los sistemas de parentesco. Así, el genitor o la genitora será considerado pariente de ego independientemente de si ocupa o no la posición de padre o madre legal de ese ego. Los nacidos de gametos bajo régimen de anonimato, o los hijos adoptivos reclaman regularmente conocer esa parte de ellos mismos que se inscribe en su sangre, y hoy, con mayor insistencia, en sus genes. La medicina de familia, que incide sobre la importancia de conocer los antecedentes patológicos en la consanguinidad, las pruebas genéticas que pueden desmentir paternidades o establecer culpabilidades en el marco jurídico, o la insistencia de los psicólogos en la necesaria veracidad de la historia familiar contada a los hijos vienen a conformar, a día de hoy, esa importancia no ya de la filiación sino de los argumentos ligados al parentesco y sus símbolos.