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Amarú Vanegas, no solo usa la palabra para hacer del cuerpo la imagen de una identidad femenina en construcción, reconvenida por medio del discurso poético. Luego de adentrarnos en Fiebre, libro con el que la actriz y poeta venezolana entra al circuito de lectores estadounidenses, vienen a la mente algunas preguntas: ¿En qué medida el cuerpo refleja el pensamiento? ¿Es el cuerpo una forma de pensar el mundo y su realidad? ¿Es el discurso el resultado de un género condicionado? "Precisamos cuerpos apilados como rocas, / asustadizos labios que recen y cierren los ojos;/ montañas caídas", enuncia la voz lírica en este libro, más crujido que lamento, porque la persona muestra la hendidura de la carne, protesta por la unión de un cuerpo disperso. Si los cuerpos son rocas apiladas en el mundo, su roce es chispa y fiebre, es ceniza caliente después del nacimiento. Y ya lo dijo Efraín Bartolomé "He aquí que soy poeta y mi oficio es arder". ¿Es la fiebre una forma de discurso? Sin duda lo es, y es la articulación de las crepitaciones, de la incomodidaden el mundo, sin caer en la autocompasión; porque se busca un mundo habitable, en medio de los significados, como un puente: "Un canto entra en la jaula/ so pretexto de ilustrarnos/ en los mayores actos criminales". Pero, ¿qué cuerpo es el que habla en este libro de Vanegas? No es un cuerpo total, son fragmentos, órganos, músculos, partículas que sienten por separado y buscan una cuerda bucal, una lengua, un sonido para ser. Cada poemaes una pieza de la carne violentada: "Todo mi cuerpo expandido/-anverso y reverso-, / acepta la llaga de sus amores". Con tal característica, la presente obra no se agota en una primera lectura; pues la sustancia que la conforma es, más que un guijarro, un libre caudal que trae nuevas arenas a la experiencia estética. Cada palabra, pues, traerá los ecos de su fondo, a medida que se lea y se relea este discurso de la carne enfebrecida, la carneque ama, la carne que anhela y combate, desde múltiples voces que vienen desde una sola garganta: "y el cuerpo transmutó en habla/ y así; portando la palabra precisa, / con la tierra en las uñas, la mujer erigió un continente". Para el termómetro social, esta Fiebre busca permanecer en la historia de un cuerpo en particular, con su belleza y sus llagas, con su rumor y su estertor, con su vida y su muerte, como canto último. FRANCISCO TREJO