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Este tercer volumen de la historia de Lotta Comunista afronta las tres décadas que transcurren entre 1965 y 1995, y es la historia de los combates que han conducido verdaderamente a implantar una organización sobre el «modelo bolchevique». En primer lugar, se trata de las batallas que han aferrado las contradicciones internacionales del imperialismo: las guerras de la descolonización y del ascenso de las nuevas potencias, como el conflicto vietnamita, las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973 y el enfrentamiento ruso-chino en los años Sesenta. Además, los conflictos que han resquebrajado la estructura de Yalta y después marcado su disolución: la invasión de Checoslovaquia y los tanques en Praga en 1968, la crisis de reestructuración de 1974-75 que ha mutado las relaciones de fuerza entre las potencias, la invasión de Afganistán, la crisis polaca y el comienzo de la «nueva contienda». Ligadas a estas, otras batallas centradas sobre las contradicciones del desarrollo italiano, bajo la presión de los factores internacio-nales condicionantes. La intervención en la crisis del sistema escolar y en las luchas de la espontaneidad tradeunionista a finales de los años Sesenta; las batallas de la segunda mitad de los años Ochenta para reencontrar en la mutación italiana, en las nuevas estratificaciones salariales de los técnicos productores y en las nuevas generaciones de la escolarización de masas, las bases objetivas para el reclutamiento de la tercera generación de Lotta Comunista. Quien atraviese hoy el umbral de un círculo obrero se encontrará con militantes jóvenes y menos jóvenes, todos ocupados en diferentes actividades: la reunión del núcleo de fábrica, las invitaciones para la conferencia del curso de marxismo, el “voluntariado comunista” para la difusión del periódico, la visita a los suscriptores y la suscripción para la autofinanciación, la relación de estudio y profundización y las corvée para la limpieza de los locales. Para resumir en una expresión el «factor moral» de estas actividades de los círculos, podríamos hablar de un buen humor ocupado. Cuatro generaciones en un partido no habrían sido posibles sin la teoría, la ciencia y la organización pero tampoco sin la pasión de participar en esta empresa colectiva. El espíritu verdaderamente humano es el motor de la pasión política. Precisamente, «el gusto por comprender, el gusto por batirse».