San Ambrosio de Milán, una de las cuatro grandes figuras de la Iglesia latina y el hombre cuya predicación convirtió a San Agustín, ofrece en esta obra una distinción magistral entre la fuerza terrenal y la omnipotencia celestial. En una época donde los emperadores creían tener dominio sobre la fe, Ambrosio se alzó para declarar que incluso el poder humano más alto está subordinado al Poder Divino. Este tratado teológico y pastoral explora la naturaleza del Espíritu Santo como fuente de todo poder verdadero, contrastándolo con la fragilidad y las limitaciones de la voluntad humana. Es una guía patrística esencial para comprender la soberanía de Dios, la necesidad de la Gracia para superar la debilidad de la carne y la correcta relación entre la autoridad de la Iglesia y los poderes del mundo.
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